EL MAESTRO

Nací en el instante en que surgió una pregunta de la boca de un niño. He sido muchas personas en muchos lugares. Soy Sócrates animando a los jóvenes de Atenas a descubrir nuevas ideas a través de las preguntas. Soy Anne Sullivan horadando los secretos del universo para ponerlos en la mano extendida de Helen Keller. Soy Aesop y Hans Christian Andersen revelando la verdad por medio de innumerables narraciones. Soy Marva Collins peleando por el derecho de todos los niños a la educación. Soy Mary McCleod Bethune edificando una gran universidad para mi pueblo, usando cajones vacíos de naranjas como pupitres. Soy Bel Kaufman luchando para ir en contra de la corriente. Los nombres de quienes practicaron mi profesión han ganado el reconocimiento de la humanidad… Booker T. Washington, Buda, Confusio, Ralph Waldo Emerson, Leo Buscaglia, Moisés y Jesús. Soy también aquellos cuyos nombres y rostros se han olvidado hace mucho tiempo, pero cuyas lecciones y carácter se recordarán siempre en los logros de sus alumnos.



He llorado de alegría en las bodas de los antiguos alumnos, he reído con regocijo en el nacimiento de sus hijos, y he permanecido con la cabeza inclinada por el dolor y la confusión en las tumbas cavadas demasiado pronto para cuerpos demasiado jóvenes. En el transcurso de un día se me ha pedido ser actor, amigo, enfermero y médico, entrenador, hallador de objetos perdidos, prestamista, chofer de taxi, psicólogo, padre sustituto, vendedor, político y defensor de la fe. Dejando a un lado los mapas, planos, fórmulas, verbos, historias y libros, no he tenido en realidad nada qué enseñar porque mis estudiantes han aprendido por sí mismos y sé que se necesita el mundo entero para decirte quién eres.



Soy una paradoja. Hablo más alto cuando escucho más. Mis más grandes regalos son lo que quiero recibir, agradecidamente, de mis alumnos. La riqueza material no es una de mis metas, pero soy un buscador de tesoros de tiempo completo, en mi búsqueda de nuevas oportunidades para que mis estudiantes puedan usar sus talentos, en mi constante búsqueda de esos talentos que a veces yacen enterrados en la autoderrota.



Soy el más afortunado de todos quienes trabajan. A un médico se le permite traer una vida en un momento mágico. A mí se me permite que esa vida renazca día a a día con nuevas preguntas, ideas y amistades. Un arquitecto sabe que si construye con cuidado, su estructura puede permanecer por siglos. Un maestro sabe que si construye con amor y verdad, lo que construya durará para siempre. Soy un guerrero que batalla diariamente contra la presión de los amigos, de la negatividad, del temor, de la conformidad, de los prejuicios, de la ignorancia y de la apatía. Pero tengo grandes aliados: la inteligencia, la curiosidad, el apoyo de los padres, la individualidad, la creatividad, la fe, el amor y la risa, todos ellos me ayudan a levantar mi bandera con su apoyo insuperable.


Y de esa manera tengo un pasado rico en recuerdos. Tengo un presente desafiante lleno de aventuras y entretenimiento, porque se me permite emplear mis días en el futuro. Soy un maestro… y doy gracias a Dios por eso todos los días.


Autor: -John W. Schlatter-

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Friday, October 4, 2013

Colombia debe revisar políticas de admisión a la educación superior

Directora de educación de Fundación Ford considera clave el liderazgo y el servicio a la comunidad.

Jeannie Oakes, reconocida autoridad mundial en educación, afirma que para mejorar el acceso a la educación superior, el país debe revisar la política de ingreso a las universidades –hoy basada en la aplicación de exámenes de admisión-, pues este mecanismo se convierte en una desventaja para los jóvenes que salen mal preparados de la educación media.
En entrevista con EL TIEMPO, Oakes, de visita en Colombia, también plantea que el Gobierno debe priorizar la entrega de subsidios a los estudiantes que realmente los necesitan (y no solo a los más brillantes) y reformar los currículos educativos, de manera que las instituciones de educación superior formen a los jóvenes para responder a los problemas reales de su entorno.
Esta experta es autora de más de 20 libros que son considerados los más influyentes del siglo XX en el ámbito educativo. Entre sus obras se destaca su bestseller ‘Controlar: cómo la escuela estructura la inequidad’ (Keeping Track: How Schools Structure Inequality).
Además de escribir, es la directora mundial de educación de la Fundación Ford, una organización que trabaja por la justicia social en el mundo, con el apoyo de socios locales. Su intención es crear condiciones que favorezcan las construcciones de sociedades más inclusivas. En esta aspiración, la educación juega un rol importante.
¿Cuál es el rol de la educación superior en la justicia social?
La educación superior juega un rol muy importante en términos de tener una sociedad más justa o menos justa socialmente. Lo hace de muchas maneras: las universidades deciden quién entra a ellas y aprende un conocimiento que impacte en la sociedad; cuáles conocimientos y habilidades deben tener los futuros líderes; qué investigar y cómo reportar esos resultados… La educación superior puede ayudar a construir un conocimiento inclusivo e intercultural que forme buenos ciudadanos, quienes a su vez ayuden a resolver los problemas que afectan a sus comunidades.
Precisamente, hoy Colombia discute una reforma a la educación superior. ¿Cuáles estrategias deberíamos implementar en ese sentido?
Hay muchas clases de reformas que podrían ser útiles en Colombia. Una: las políticas de admisión a la educación superior, que se basan en un examen, cuando hay muchas otras cualidades de los jóvenes que deberían tenerse en cuenta para su ingreso a la universidad, como su potencial de liderazgo, de servir a la comunidad… También hay que asegurar subsidios basados en las necesidades de los estudiantes, porque a veces se dan a los más brillantes o los que tienen más posibilidades económicas. También hay que pensar en una reforma curricular, de manera que el conocimiento entregado se conecte más con los problemas reales de la sociedad y que contribuya al desarrollo del país.
¿Cuáles son las barreras más comunes para acceder a la educación superior?
La pobre preparación en la escuela secundaria, las políticas de ingreso (que, como dije, se basan en exámenes de admisión, lo que supone una desventaja para los jóvenes que salen mal preparados del bachillerato)… También existen dificultades como la concentración de buenas y grandes instituciones en ciudades más desarrolladas.
¿Cómo llevar educación superior de calidad a las regiones distantes?
En el Estado de California (EE. UU.), de donde yo vengo, existe un sistema maravilloso de educación pública. La Universidad de California tiene 10 campus diferentes (los dos más importantes en Berkeley y Los Ángeles), que abarcan distintas áreas del Estado. Una solución puede ser que las instituciones más fuertes y reconocidas abran sedes en las regiones, pero además que lleven un currículo que les enseñe a los jóvenes conocimientos y habilidades que puedan aplicar en su región y así favorezcan el desarrollo de sus comunidades. No tiene sentido formarlos para que luego se desplacen a las grandes capitales para obtener un trabajo.
¿Cómo mejorar la calidad de la educación superior?
Cualquier universidad que reciba dineros públicos tiene una responsabilidad con la sociedad, es responsable de la calidad de la educación que brinda. Por un lado, pueden hacer procesos internos para acreditarse institucionalmente con la visita de pares académicos; por otro, el Gobierno debe señalarles los criterios de calidad que deben cumplir para beneficiarse de los recursos públicos. El Estado debe monitorear la calidad y asegurarse de que los estudiantes terminen con éxito sus carreras. Pero también es importante que las instituciones cuenten con los recursos necesarios para mantener los estándares de calidad.
¿Y con las universidades privadas?
Estas instituciones se benefician, de alguna manera, de dineros públicos cuando reciben estudiantes becados o con créditos otorgados por el Estado. La gran discusión es que el Gobierno necesita, por un lado, regular la calidad de estas instituciones, pero también negarse a que los estudiantes a quienes se les otorga créditos estudien en aquellas instituciones de baja calidad y estoy segura que muchas de estas instituciones no quieren esto.
Hay quienes piden que el Estado invierta menos en créditos y más en educación pública gratuita…
Es bueno tener créditos y acceso gratuito, particularmente, frente a los estudiantes menos favorecidos. Lo importante es que los créditos se paguen con base en los ingresos de los jóvenes una vez tengan trabajo; que este crédito no exceda un cierto porcentaje de sus ingresos, que sea un pago manejable. Pero también son importantes los subsidios para las poblaciones más marginadas.
Expertos le sugirieron al país crear un grado 12 o un grado puente entre la educación media y la superior, ¿qué opina?
Es una muy buena idea. El objetivo de este grado puente es que se mejoren las habilidades académicas de los estudiantes, que los prepare para la vida universitaria y les ayude a encaminarlos en la escogencia de su carrera.
¿Cómo mejorar la calidad de la educación primaria y la secundaria?
Una buena alternativa es que los estudiantes pasen más tiempo en la escuela, extender la jornada, y que en ese tiempo hagan, por ejemplo, proyectos de ciencia, música, deportes… Eso mejora su preparación. Lo importante es que se comience a temprana edad y no esperar al final de la secundaria para mejorar las habilidades de los estudiantes.
¿Qué opina de tener más técnicos y tecnólogos que universitarios?
Creo que la educación técnica es una muy buena solución, pues a ella acceden personas de sectores más marginados y vulnerables, pero tiene que ser de muy buena calidad. Deben ser programas que preparen a largo plazo, para el trabajo que tendrán en 15 o 20 años, pues en el futuro habrá nuevas demandas laborales. Esta formación técnica y tecnológica debe desarrollar en los estudiantes la habilidad para aprender nuevas cosas, adaptarse y pensar diferente.
Tomado de El Tiempo, Octubre 4 de 2013, http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/entrevista-de-el-tiempo-a-jeannie-oakes-directora-de-educacion-de-fundacion-ford_13100611-4

Saturday, September 28, 2013

'Hay que enseñarles a los estudiantes a ser creativos'

Charles Fadel habla de la importancia de que la escuela prepare a los alumnos para el mundo laboral.

Hoy más que nunca, la creatividad y las capacidades de analizar, argumentar, trabajar en equipo y comunicarse, son competencias clave que las nuevas generaciones deben desarrollar y afianzar para enfrentar las nuevas demandas laborales y sociales del siglo XXI.
Aunque siguen siendo relevantes los conocimientos básicos en matemáticas, lenguaje y ciencias, entre otras áreas, éstos no bastan para preparar a una sociedad que cambia continuamente con la evolución tecnológica.
Charles Fadel, un prestigioso pensador de la educación global, coautor del libro '21st Century Skills' (Habilidades del siglo XXI), afirma que es necesario rediseñar los currículos escolares para que haya armonía entre el conocimiento, las habilidades, el carácter y la metacognición (aprender a aprender), las cuatro dimensiones de la educación.
En entrevista con EL TIEMPO, este experto -quien es parte de un comité asesor en temas de educación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y fundador y director del 'Center for Curriculum Redesign'-, reitera que los docentes y las escuelas transforman sus prácticas para desarrollar en los niños y los jóvenes estas habilidades para la vida.
Fadel vino al país invitado por Uncoli (Unión de Colegios Internacionales) para participar en el evento 'La escuela y las habilidades para el siglo XXI', en el cual participaron 100 rectores de planteles educativos, de los cuales 25 atienden poblaciones de estratos 1 y 2.
¿Cuáles son esas habilidades del siglo XXI que deben aprender los estudiantes?
Dado que la tecnología está impulsando grandes cambios en los empleos y en la sociedad, necesitamos enseñar habilidades como creatividad, comunicación, colaboración y pensamiento crítico. Ahora son más que nunca necesarias. Con esto no quiero decir que se dejen de transmitir conocimientos en matemáticas, ciencias o lenguaje sino que, adicionalmente, los niños deben aprender a ser creativos, trabajar en equipo, analizar, sintetizar…
¿Los estudiantes de ahora carecen de estas habilidades?
Los empleadores consideran que sí, y dado que el mundo es cada vez más competitivo, están buscando que los jóvenes aprendan estas habilidades desde la escuela, que salgan preparados para el trabajo. Este mundo laboral es más práctico, multidisciplinario, mientras que el mundo de la escuela es más teórico, segmentado en disciplinas y necesitamos reajustarlo, a fin de llegar a un balance entre la teoría y la práctica, entre el conocimiento, las habilidades y el carácter, que son las tres dimensiones de la educación.
¿Deben los profesores ser entrenados en la forma de enseñar estas nuevas habilidades?
Claro que sí, pues no se pueden enseñar estas cosas solo con libros. Hay que hacer proyectos y es importante formar a los docentes para ejecutar buenos proyectos y hacer clases más fluidas, más participativas, más prácticas. La profesión docente tiene que evolucionar y mejorar como cualquier otra profesión.
Entonces, ¿qué tipo de cambios deben hacer los docentes y los colegios?
Por un lado, los gobiernos deben hacer ajustes en sus estándares curriculares y en las evaluaciones que deben aplicarse para medir la aplicación de dichos currículos. Si no cambiamos la manera de evaluar a los estudiantes, no vamos a cambiar su comportamiento. En cuanto al aula de clase, un docente no puede hablar de comunicación si él solo habla y su estudiante permanece sentado, escuchando pasivamente. Muchas de estas habilidades son prácticas. Enseñar la valentía no significa poner a un niño a leer sobre ella en un libro. Hay que implementar proyectos que involucren a los estudiantes y les enseñen, de forma práctica, cómo enfrentar los miedos, cómo desarrollar empatía.
¿Hay que darle un revolcón a la manera de evaluar a los estudiantes?
Las evaluaciones son muy importantes porque detectan los comportamientos de docentes y alumnos, pero si medimos las cosas equivocadas o lo hacemos de forma ineficiente, tenemos una pequeña ventana de lo que el estudiante es capaz de hacer. Hay que ampliar esa ventana; no es suficiente solo medir algunos aspectos del conocimiento, tenemos que medir habilidades y carácter. No podemos seguir aplicando exámenes de selección múltiple. Hay que invertir en exámenes realmente buenos que entiendan lo que los estudiantes son capaces de hacer.
¿Cómo puede un profesor lograr que sus estudiantes se vuelvan creativos?
Le pongo un ejemplo: en matemáticas, en lugar de pedirle que solo brinde la respuesta correcta, hay que animar al estudiante a que encuentre varios caminos y maneras para llegar a esa respuesta; pedirles que diseñen sus propios problemas… Y para desarrollar su pensamiento crítico, basta enseñarles a deconstruir (desensamblar) su propio proceso de pensamiento, que logren comprender cómo llegan a ciertas conclusiones; que aprendan a argumentar. Hay que hacer preguntas difíciles, hay que retar su pensamiento. El docente debe ser un coach.
Cuando habla de carácter, ¿a qué habilidades se refiere?
La gente está hambrienta de espiritualidad, de sentido de pertenencia, de un sentido de comprensión de lo que pasa a su alrededor. Ahora más que nunca se requiere una educación que forme el carácter de los niños para ser valientes, tener consciencia de sí mismos, ser líderes, empáticos.
Tomado de El Tiempo, 27 de septiembre de 2013, http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/entrevista-de-el-tiempo-a-charles-fadel_13087126-4

Thursday, September 5, 2013

Expertos en idiomas refuerzan programa de bilingüismo en colegios distritales Arribaron a Bogotá expertos de Eslovaquia, Rusia, Italia, Rumania, Brasil, Estados Unidos y Alemania.

Llegaron a Bogotá 14 angloparlantes y francófonos de países, como Eslovaquia, Rusia, Italia, Rumania, Brasil, Estados Unidos y Alemania, para reforzar el programa de bilingüismo de la Secretaría de Educación en los colegios distritales.
Estos profesionales estarán al frente de aulas de inmersión en inglés y francés en 21 colegios de Bogotá en el marco de los Centros de Idiomas a partir del 9 de septiembre y durante 3 meses.
La mayoría de estos expertos en idiomas no conocía Colombia y estarán en colegios de Ciudad Bolívar, San Cristóbal, Rafael Uribe Uribe, Kennedy, Mártires, Tunjuelito y Bosa, enseñando idiomas a niños y jóvenes de 5 a 17 años en actividades denominadas ´linguaventuras`.
Voy a hacer lo que mejor que pueda para que los niños y niñas aprendan muy bien inglés” dijo Mijaíl nativo de Rusia.
La meta con las aulas de inmersión es llegar a 100, mejorar el nivel de inglés de los estudiantes y de los 2.500 profesores de idiomas que tienen los colegios públicos.
“Estamos gestionando con ICETEX un convenio que nos permita dar mayor sostenibilidad al programa para seguir trayendo profesionales a reforzar nuestro programa de bilingüismo” indicó Patricia Buriticá, subsecretaria de calidad y pertinencia.
Por su parte Oscar Sánchez, secretario de Educación, indicó que el derecho a una educación con calidad es la propuesta fundamental que el gobierno del alcalde Gustavo Petro quiere enfatizar.
Aulas de inmersión
El objetivo del programa es mejorar el desempeño en una segunda lengua de los estudiantes de todos los ciclos de los colegios oficiales, a través de actividades lúdicas y culturales en el marco de una práctica espontánea y natural.
El programa está dirigido a estudiantes de los cinco ciclos, por medio de un sistema de rotación de grupos de 25 estudiantes.
En promedio cada aula tiene una cobertura de unos 500 estudiantes, quienes conforman un grupo que permanece durante 4 semestres.
Tomado de El Espectador, septiembre 5 de 2013, http://www.elespectador.com/noticias/bogota/expertos-idiomas-refuerzan-programa-de-bilingueismo-col-articulo-444647

Saturday, July 20, 2013

Advierten baja calidad en la educación pública

Según 'Bogotá, cómo vamos', el 0,38% de los colegios oficiales está en la categoría muy superior.

La calidad de la educación pública en la ciudad sale ‘rajada’ en el más reciente informe sobre calidad de vida del proyecto ‘Bogotá, cómo vamos’.
Las cifras, que corresponden al 2012, advierten que tan solo el 0,32 por ciento de los colegios oficiales se ubica en la categoría ‘muy superior’ en las pruebas Saber, que realiza el Icfes, mientras que en las instituciones privadas dicho porcentaje llega al 39,5 por ciento.
Igualmente, la tendencia en la deserción escolar en el sector oficial se mantuvo en el último año: cuatro de cada 100 estudiantes de colegios públicos se retiran. En el caso de los privados, solo es uno, según las estadísticas.
Las diferencias también quedan en evidencia en los estudiantes que deben repetir año: en las instituciones oficiales el promedio es de ocho por cada 100, y en los privados es de dos por cada 100.
Mónica Villegas, directora de ‘Bogotá, cómo vamos’, sostuvo que este diagnóstico es un campanazo de alerta para la Administración Distrital. Sin embargo, reconoció los esfuerzos que ha hecho la Secretaría de Educación en el último año para darle un revolcón al sector. Por ejemplo, el presupuesto destinado a dicha cartera subió a 3,3 billones de pesos, lo que representó un aumento de un billón de pesos en comparación con el 2012.
“Aun así, los estudiantes de Bogotá reciben mejor educación que el resto del país. El 80 por ciento de los colegios de Bogotá están en las categorías ‘muy superior’, ‘superior’ y ‘alto’, mientras que en Colombia solo la mitad de los colegios alcanzan esos indicadores”, señala el informe de ‘Bogotá, cómo vamos’, una iniciativa de la Cámara de Comercio, la Fundación Corona, la Universidad Javeriana y EL TIEMPO Casa Editorial.
Villegas también destaca las apuestas por el bilingüismo, la jornada única (de 40 horas), cuyos resultados no se verán en el corto plazo, sino en el futuro, teniendo en cuenta que han sido puestas en marcha recientemente por el gobierno de Gustavo Petro.
El secretario de Educación, Óscar Sánchez, reconoció la brecha, pero señaló que se hacen esfuerzos por reducirla. Destacó que los colegios oficiales, por lo general, no están en la categoría de muy superior, sino en superior y alto.

Wednesday, May 29, 2013

El fracaso de la educación pública en América Latina

Cada paso del chileno José Joaquín Brunner Ried —exministro de Estado de ese país, sociólogo— es cuidado por dos mujeres que “le hablan al oído”. Se preocupan porque tenga su café en la mesa a tiempo, y porque por lo menos coma fruta y queso al desayuno. Brunner es una especie de celebridad mundial en el sector educativo. Una autoridad. Un investigador juicioso y reputado.
Ayer estuvo en Colombia, invitado por la Universidad del Rosario de Bogotá, para hablar frente a decenas de profesores —en la celebración de su día— sobre las transformaciones que ha sufrido este oficio. Sobre la brecha insuperable que existe hoy entre los viejos y los más jóvenes, porque los primeros defienden una metodología que “va a desaparecer” arrasada por el mundo digital.
Se paró frente a decenas de académicos para contarles que en Colombia sólo el 4,8% de los maestros contaba con un doctorado para 2010 y que entre 2005 y 2010 la planta de maestros universitarios creció solo en 4.672 docentes, al pasar de 97.880 a 102.552. Al terminar la charla habló con El Espectador, mientras las dos mujeres lo escoltaban.
Sus teorías llevan a pensar que el postulado “pueblo pobre, pueblo mal educado” es nuestra irremediable realidad.
Los niños de hogares de menores ingresos están recibiendo una educación realmente deficitaria. Lo más grave es que las competencias más importantes para aprender autónomamente a lo largo de la vida están siendo mal formadas en esta etapa. La comprensión lectora y el manejo numérico y de razonamiento, que es lo que el colegio debería estar formando en el plano cognitivo, son muy débiles.
¿El que está fallando entonces es el Estado, que tiene en sus manos la educación básica de las poblaciones más vulnerables?
Así es. En América Latina este es un fracaso no de un gobierno azul, verde o rojo, sino de todos los estados a lo largo del siglo XX. Mientras los países europeos, y algunos asiáticos, lograron en buena parte del siglo XIX y en el XX establecer una educación de alta e igual calidad para todos los niños y jóvenes, independientemente de si eran hijos de obreros o de empresarios, en América Latina el sistema educacional fue construido para una minoría. Luego, cuando se intentó incorporar a los excluidos, se hizo en colegios estatales de muy mala calidad.
Para remediar esto, la Secretaría de Educación de Bogotá propone que las universidades públicas tengan unos cupos obligatorios para los estudiantes que vienen de colegios públicos. ¿Cree que es una salida?
Creo que ayuda, pero bajo la condición absoluta de que no sólo les aseguren acceso. Entrar significa sólo pasar por una puerta, pero lo que le ocurre después a quien ya está adentro, que tiene que entender los textos que está estudiando, que tiene que seguir el ritmo de sus compañeros que saben estudiar autónomamente, es de lo que realmente se tienen que ocupar quienes hacen estas propuestas. El paso decisivo es cómo la universidad organiza su pedagogía para ayudarles a estos alumnos, de tal modo que no terminen desertando: tienen que tener clases especiales y compensatorias, tutores individuales... Si no lo hacen, el experimento no funciona.
Usted dice que los profesores no saben cuáles son las formas de aprendizaje para los jóvenes entre los 18 y los 25 años, que no saben cómo aprenden sus mentes. ¿Qué está dejando ese vacío?
Uno llega a ser profesor universitario no porque sigue un estudio especial que se llame “ser profesor universitario”, sino porque uno es sociólogo, abogado, enfermero… Nadie enseña didáctica ni el arte de enseñar la profesión, lo que sí se hace con los profesores de educación básica. Ahora nos hemos dado cuenta de que no puede ser así y hay universidades que están haciendo un esfuerzo para transformar a un buen sociólogo en un buen profesor de sociología. Estamos aprendiendo a enseñarles a nuestros profesores a enseñar.
En Colombia sólo el 4,8% de los profesores tiene un doctorado. Eso suena muy grave...
Primero hay que identificar para qué quiero personas con doctorado dentro de mi cuerpo académico. Para una carrera de investigador formal sí es casi imprescindible tener un doctorado.
También están los maestros que se quedaron siempre en la academia y que no tienen experiencia en la práctica...
Esos profesores están condenados a ser un fracaso.
¿Cree que el estatus o el valor de esta profesión ha decaído?
Creo que se ha diferenciado. Los maestros dejaron de ser genios absolutos, como ocurría hace cuarenta o cincuenta años. Hay además un fraccionamiento, una brecha entre los viejos y los jóvenes. Los profesores jóvenes, de 35 años, que vienen de doctorados de buenas universidades de Europa y Estados Unidos, tienen una mirada crítica hacia sus maestros que nunca salieron, que nunca escribieron para una revista internacional. Además, hay un problema con la disciplina: cuando los viejos estudiaron, la disciplina era mucho menos dinámica y menos poblada de conocimiento; la nueva generación viene de una disciplina en que el conocimiento no se detiene.
¿Podría decirse que hay una especie de pasividad de los viejos al acoplarse a los nuevos lenguajes que exige esta era digital?
No es pasividad. Es otra cultura. Otros valores. Ellos hacen parte de una forma de ejercer la profesión que empieza a quedar conceptual, tecnológica y culturalmente superada por la era digital. De hecho su metodología, la del profesor que enseñaba con la pura palabra y con el mismo texto durante veinte años, desapareció. Hoy un profesor joven piensa cada curso de forma diferente y tiene los medios para hacerlo, porque se sienta frente a su computador y puede bajar el currículum de su curso tal y como se enseña en Oxford o en Harvard. Ese es su punto de comparación. Esa es su competencia. No es que los viejos sean malos o pasivos, eran muy buenos, pero eran de un mundo que de repente colapsó.

Tuesday, May 28, 2013

Universidad Los Andes y Nacional entre las 10 mejores de Latinoamérica

Nueva edición del ranking QS de la región las ubica en cuarto y noveno lugar en calidad y prestigio.

La Universidad de los Andes y la Universidad Nacional figuran entre las 10 mejores instituciones de educación superior de América Latina, según el más reciente ranking de QS, que clasificó a las mejores 300 de la región.
Los Andes ocupa el cuarto lugar en la tercera edición del ranking anual (subió cuatro posiciones), que este año encabeza, nuevamente, la Universidad de São Paulo (Brasil), seguida por la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp).
La Universidad Nacional de Colombia, que ocupa el noveno lugar, también escaló cuatro posiciones en el ranking de QS. En total, cinco universidades colombianas fueron clasificadas dentro de las 50 mejores de Latinoamérica y 12 dentro de las 100 mejores, al igual que el año pasado.
El índice QS, uno de los rankings que clasifica a las mejores universidades del mundo año tras año, tuvo en cuenta para esta nueva clasificación indicadores como investigación, inserción laboral de los egresados, reputación académica, reputación entre los empleadores, promedio de estudiantes por facultad, proporción de docentes con doctorado y presencia en la web.
La Universidad de São Paulo, por ejemplo, es la mejor de la región en opinión de los empleadores; sin embargo, para los académicos, el primer lugar lo ocupa la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam).
Un 44 por ciento de las instituciones que se ubican entre las 300 mejores de América Latina fueron creadas durante los últimos 50 años. Ben Sowter, jefe de investigación de QS, afirma en un comunicado sobre esta nueva clasificación que “las universidades de la región, en general, presentan un bajo rendimiento en los rankings mundiales”.
En el recién publicado ranking mundial de QS por disciplina, el cual presenta las 200 mejores universidades para 30 áreas del conocimiento diferentes, aunque tres universidades latinoamericanas hayan sido clasificadas en las primeras 50 de filosofía, ninguna lo estuvo entre las 50 mejores en áreas científicas y tecnológicas.”
De hecho, agrega, no hay ninguna ciudad latinoamericana entre las 100 mejores para la producción científica según el recién Nature’s Scientific Reports.

Saturday, May 25, 2013

Educar para la transformación

Por: Marcelo Cabrol y Miguel Székely
Representantes del Banco Interamericano de Desarrollo
Para transformar a una generación en términos de la calidad educativa, es necesario empezar desde el principio, es decir, incluso antes de que los alumnos ingresen al primer grado de la escuela primaria. En este caso no hay atajos. Si se continúa con esfuerzos dispersos que atienden algún aspecto específico de la educación en lugar de transformar al sector de raíz, probablemente estemos llegando a la era del conocimiento del siglo XXI cuando este ya esté terminando.
Por eso, la definición del perfil del egresado, el modelo educativo memorístico, la calidad de los insumos y los mecanismos de evaluación deben ser transformados para lograr avanzar en el tema educativo.
“Educación para la Transformación”, un libro del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) propone entonces una nueva política educativa alrededor de cuatro temas. El primero consiste en definir el perfil de egreso de los alumnos de preescolar, primaria, secundaria básica, secundaria media y superior, como uno compuesto de competencias y habilidades, en lugar de constituir un listado de materias a cursar o de conocimientos que se acumulan a lo largo del ciclo educativo.
En el segundo pilar, el BID sugiere cambiar el modelo educativo memorístico a uno en donde los docentes ya no sean catedráticos, sino acompañantes y facilitadores en el proceso de aprendizaje. Un docente que ingresa al aula y concentra su tiempo en dictar cátedra o en transmitir conceptos, datos e información difícilmente propiciará el desarrollo de dichas competencias y habilidades.
De acuerdo al organismo, para que estos dos funcionen, los insumos deben mejorar también: la infraestructura, el equipamiento, los materiales educativos, un modelo de gestión escolar que permita al directivo tomar decisiones para su centro educativo, condiciones laborales adecuadas para los actores que participan en la educación, instrumentos para lograr una vinculación entre la escuela y el sector productivo, y la tecnología necesaria son clave.
Finalmente, el Banco concluye que los mecanismos de evaluación, que permiten verificar en qué medida el sistema educativo y cada centro educativo en particular se acercan a la generación del perfil de egreso deben estar integrados. Incluir la certificación de docentes y directivos para verificar si han desarrollado el perfil docente o directivo, la certificación de calidad de la infraestructura y el uso de pruebas estandarizadas similares a PISA o TIMMS son vitales para medir progreso.
Evidentemente, para impulsar una política pública de este tipo , es necesario llegar a un consenso entre los actores centrales de la educación, lo cual incluye a las autoridades de diversos órdenes de gobierno, a los docentes representados en sus organizaciones gremiales, a los padres de familia, a la sociedad que participa en el mejoramiento de la calidad de la educación mediante organizaciones formalmente reconocidas –entre ellas las empresariales, las organizaciones de la sociedad civil (OSC), los gremios de profesionales, etc.– y a las instituciones nacionales e internacionales que se sumen para acompañar la iniciativa.
El libro lo pueden consultar en http://www.iadb.org/es/temas/educacion/educacion-en-america-latina-y-el-caribe,6448.html